Presentación

“El espectáculo debe continuar”

El Festival Ibérico de Cine de Badajoz cumple un cuarto de siglo, lo que le otorga una función patrimonial en lo que respecta a sus objetivos. Esto se ha conseguido no sólo por la perseverancia en el tiempo, sino también por la adaptación a nuevas herramientas, formatos y tendencias estéticas y sociales. Cuando se creó el FIC, la tecnología audiovisual por excelencia era el celuloide, los vídeo clubs todavía alquilaban cintas en VHS y la preselección de los cortometrajes se hacía con el visionado en dicho formato. Internet era prácticamente una utopía. Se rodaban pocos cortometrajes, habida cuenta de los costes de producción, y los festivales que se dedicaban a este formato eran escasos y minoritarios. El crecimiento de la industria del corto ha ido ocasionando un aumento en progresión geométrica del número de festivales y de productos, de ahí la importancia que tiene el FIC al haber sabido encontrar su lugar en la mutante jungla mediática.

Lo bueno del cortometraje es que la única limitación que tiene es su duración. El largometraje sin embargo tiene dos condicionantes inevitables: una ingeniería de producción ardua y costosa y la necesidad de un público que pague por verlo en base a unas normas, programación y tarifas impuestas por distribuidores y exhibidores. El corto se mueve en un terreno de exhibición menos rígido y cuyo mayor escenario, además de las redes y plataformas sociales, son los festivales. Es por ello por lo que puede ofertar, además de todos los géneros comerciales cinematográficos, otros lenguajes como el del vídeo clip, el del tráiler, el de la publicidad, el del vídeo arte, el del monólogo escénico y el de la pura experimentación, entre otros.

En esa cantidad de propuestas, de las que cada año recibimos una media de casi 500 trabajos, los festivales somos como los DJ’s del audiovisual, los farmaceúticos que recetamos el vademécum más adecuado para el público que nos frecuenta; los que hemos probado en nosotros mismos todos los tóxicos, terapias y antídotos para aquellos que padezcan anorexia audiovisual.

El enganche a las sesiones de cortos tiene también algo que ver con el de las series de televisión. Una sesión es como la temporada de una serie que uno mismo se monta. No hay una relación de argumento o estilo, pero cada espectador tiene una percepción distinta de un conjunto que es igual para todos. Un terreno donde la subjetividad del espectador se alía con el concepto de “obra abierta” propio de este formato.

La efeméride de nuestro 25 aniversario queremos conmemorarla ofreciendo una ración XXL de estos cortos, permitiendo al público elegir su propio programa serializado. Siempre alguien me pregunta que cuál es la mejor sesión y yo, sinceramente, insisto en que todas las sesiones están equilibradas en cuanto a calidad y contenidos. En todas hay propuestas innovadoras, también caras conocidas de actores y actrices que demuestran su generosidad trabajando en productos entusiastas de nuevos realizadores sin ninguna aspiración económica.

Si a ello unimos las secciones paralelas como estrenos de largometrajes, sesiones dedicadas a los más jóvenes, concierto de música de cine, secciones de cine inclusivo y temática de género, etc., tendremos una idea del alcance de nuestra propuesta.

En estos 25 años se han proyectado, grosso modo, unos 700 cortometrajes. Este año el público se va a sentir como en los festivales de música, en los que desgraciadamente uno se pierde una actuación interesante por falta de tiempo para acudir a todo. Pero ese es el espíritu: la amplitud de oferta y la capacidad de sorpresa.

El FIC arranca un año más en la Terraza del López de Ayala y en otros espacios alternativos con el apoyo de las instituciones y empresas que siempre han estado apoyándonos. De la consolidación hemos pasado al arraigo, a cumplir un importante papel como cita ineludible en la Península Ibérica para los nuevos realizadores. Sin la fidelidad del público y el trabajo del equipo de producción no sería posible culminar esta cita anual con los mejores cortometrajes españoles y portugueses de la temporada.

ALEJANDRO PACHÓN RAMÍREZ

Director del Festival Ibérico de Cine

 

“El espectáculo debe continuar”

El Festival Ibérico de Cine de Badajoz cumple un cuarto de siglo, lo que le otorga una función patrimonial en lo que respecta a sus objetivos. Esto se ha conseguido no sólo por la perseverancia en el tiempo, sino también por la adaptación a nuevas herramientas, formatos y tendencias estéticas y sociales. Cuando se creó el FIC, la tecnología audiovisual por excelencia era el celuloide, los vídeo clubs todavía alquilaban cintas en VHS y la preselección de los cortometrajes se hacía con el visionado en dicho formato. Internet era prácticamente una utopía. Se rodaban pocos cortometrajes, habida cuenta de los costes de producción, y los festivales que se dedicaban a este formato eran escasos y minoritarios. El crecimiento de la industria del corto ha ido ocasionando un aumento en progresión geométrica del número de festivales y de productos, de ahí la importancia que tiene el FIC al haber sabido encontrar su lugar en la mutante jungla mediática.

Lo bueno del cortometraje es que la única limitación que tiene es su duración. El largometraje sin embargo tiene dos condicionantes inevitables: una ingeniería de producción ardua y costosa y la necesidad de un público que pague por verlo en base a unas normas, programación y tarifas impuestas por distribuidores y exhibidores. El corto se mueve en un terreno de exhibición menos rígido y cuyo mayor escenario, además de las redes y plataformas sociales, son los festivales. Es por ello por lo que puede ofertar, además de todos los géneros comerciales cinematográficos, otros lenguajes como el del vídeo clip, el del tráiler, el de la publicidad, el del vídeo arte, el del monólogo escénico y el de la pura experimentación, entre otros.

En esa cantidad de propuestas, de las que cada año recibimos una media de casi 500 trabajos, los festivales somos como los DJ’s del audiovisual, los farmaceúticos que recetamos el vademécum más adecuado para el público que nos frecuenta; los que hemos probado en nosotros mismos todos los tóxicos, terapias y antídotos para aquellos que padezcan anorexia audiovisual.

El enganche a las sesiones de cortos tiene también algo que ver con el de las series de televisión. Una sesión es como la temporada de una serie que uno mismo se monta. No hay una relación de argumento o estilo, pero cada espectador tiene una percepción distinta de un conjunto que es igual para todos. Un terreno donde la subjetividad del espectador se alía con el concepto de “obra abierta” propio de este formato.

La efeméride de nuestro 25 aniversario queremos conmemorarla ofreciendo una ración XXL de estos cortos, permitiendo al público elegir su propio programa serializado. Siempre alguien me pregunta que cuál es la mejor sesión y yo, sinceramente, insisto en que todas las sesiones están equilibradas en cuanto a calidad y contenidos. En todas hay propuestas innovadoras, también caras conocidas de actores y actrices que demuestran su generosidad trabajando en productos entusiastas de nuevos realizadores sin ninguna aspiración económica.

Si a ello unimos las secciones paralelas como estrenos de largometrajes, sesiones dedicadas a los más jóvenes, concierto de música de cine, secciones de cine inclusivo y temática de género, etc., tendremos una idea del alcance de nuestra propuesta.

En estos 25 años se han proyectado, grosso modo, unos 700 cortometrajes. Este año el público se va a sentir como en los festivales de música, en los que desgraciadamente uno se pierde una actuación interesante por falta de tiempo para acudir a todo. Pero ese es el espíritu: la amplitud de oferta y la capacidad de sorpresa.

El FIC arranca un año más en la Terraza del López de Ayala y en otros espacios alternativos con el apoyo de las instituciones y empresas que siempre han estado apoyándonos. De la consolidación hemos pasado al arraigo, a cumplir un importante papel como cita ineludible en la Península Ibérica para los nuevos realizadores. Sin la fidelidad del público y el trabajo del equipo de producción no sería posible culminar esta cita anual con los mejores cortometrajes españoles y portugueses de la temporada.

ALEJANDRO PACHÓN RAMÍREZ

Director del Festival Ibérico de Cine