La Exposición

F.I.C. : 25 AÑOS DE IMAGENES 

“Existe un tipo de ceguera, denominada síndrome de Antón, que consiste en  que el enfermo ignora que no ve. Parece imposible, pero no mucho más que sentir dolor en una pierna amputada. Los pacientes de ese cuadro, que al mismo tiempo que la vista suelen perder la capacidad crítica para advertir que algo va mal, disfrutan o abominan de la televisión cuando se sientan frente a ella, y si los llevas al cine ven una película del mismo modo que si los sacas a pasear contemplan una calle fantasmal por la que su cuerpo se mueve con soltura. Han construido un universo autónomo en el interior de sí mismos, y lo único que tienen que arreglar es que su repertorio de imágenes internas no se vea obligado a competir con la realidad exterior, para no golpearse contra las paredes. Por eso suelen hacerse acompañar de alguien.”

(Juan José Millás. Prologo de “Trilogía de la soledad”, Alfaguara, Madrid 1996)

Cualquier evento cultural o artístico y mucho más un festival de cine, necesita construir un imaginario epidérmico y complementario de las proyecciones. El icono del año va a estar presente en resúmenes de  informativos y medios de comunicación en general  y sobre todo en esa antología de escenas que lleva cualquier entrega de premios que se precie y que es como la síntesis exprés de la edición en curso. Logos e iconos se animan, se musicalizan y se  convierten en escenografía.  Para comprobar esta sinergia es necesario asistir a dichas galas . Ahí se fideliza a un público que interioriza su existencia y estilo a base de un armazón iconográfico que va autoalimentándose al cabo de los años. Ese “corpus” de imágenes que aparecen en escaparates, murales, bares y publicaciones diversas, son como la mano del que acompaña al público menos avezado, a veces sumido en ese síndrome de Antón antes aludido, en el que la abrumadora competencia de estímulos audiovisuales procedentes de otros medios puede llegar a provocar cierto aislamiento y desconocimiento sensorial.

La exposición FIConos es una muestra de cómo el FIC (Festival Ibérico de Cinema) puede presumir de tener un corpus gráfico gestado a lo largo de 25 años con el objetivo asociar la imagen estática con la dinámica, creando un repertorio iconológico. Esto es, una lectura global metafórica y alegórica.

Hay diversos elementos que lo conforman. En primer lugar está la creación de un logotipo, cosa que no se produjo de forma definitiva hasta la 10ª edición. El primer icono reconocible acentuaba una idea : el Puente Real, como símbolo de modernidad y de la ciudad de Badajoz sede del festival. Esto se hizo patente en la primera edición cuyo cartel y catálogo, diseñado por Antonio Cosme Covarsí, era una foto de dicho puente. De hecho el trofeo del premio era también una reproducción plateada de dicha arquitectura.

Otro logotipo que se utilizó posteriormente fue realizado por Luís Costillo, autor también de alguno de los carteles y catálogos, en una época en la que se nota la influencia en el desaparecido artista pacense de Keith Haring. Era la época en la que Luís sacaba en muchos de sus diseños a su perro “Carvalho”, en esta ocasión ladrándole a una especie de Cine Exin.

Cuando por fín se adoptó definitivamente el trofeo denominado Onofre, éste se convirtió en logo, pero definitivamente, desde que Melara diseñara el cartel del 10ª edición, nos pareció que esa península ibérica en forma de claqueta que se abre por la frontera entre España y Portugal, simbolizaba a la perfección la idea fundacional del FIC : un festival que rompe la frontera e integra producciones lusas y españolas en un mismo contexto.

Los leitmotivs más utilizados en cartelería, programas, etc, en los eventos

cinematográficos son, en primer lugar , la mirada y el ojo como símbolo , siendo los más sobreutilizados el famoso plano inicial del perro andaluz buñuelesco  o los prismáticos  de James Stewart  en “La ventana indiscreta”,  En los primeros carteles del FIC no faltó este elemento metafórico,

El segundo más utilizado es la referencia cinéfila. La silueta de King Kong es Sitges, por ejemplo. En nuestros carteles han estado William Holden y Kim Novak, una pin up horrorizada/encantada  frente a una invasión alienígena e incluso Fred Astaire y Ginger Rogers.  

Lo raro de este asunto es que el otro referente más usado es la cámara de cine y los proyectores y bobinas de 35 milímetros. Han desaparecido hace unos años y siguen siendo los sinónimos más en vigor. En el FIC ha habido una cámara formada por los palos de una baraja española, un levantador de pesas de celuloide, una bicicleta tomavistas y algunos más. Pero, a ver quíen es el artista que le busca identidad visual a la carcasa de un disco duro en estos tiempos de cine digital.

Ultimamente se están sustituyendo los recién fallecidos iconos neobarrocos  por otros asociados a modelos ideológicos de tipo social o político. El cartel del FIC número 20, dos tijeras que marcaban las dos XX del número , daba lugar a una interpretación semántica que aludía tanto a la censura como a los recortes económicos. Las tiras de celuloide formando una especie de jaula, también iban por ahí. o la Venús del Espejo mirándose en un croma. Una lata de cine convertida en bomba de los tebeos de Bruguera y cuya mecha nunca acaba de provocar la detonación. Luego están los animales : el pez que pica una pequeña tira de fotogramas como cebo, la cabra ibérica con cuernos de celuloide o el gato negro con el rabo del mismo material. Lo que nunca se ha caído es en la obviedad de lo ibérico utilizando un toro o un jamón.

Si un icono funciona mientras hay alguna canción en en el escenario, se me viene a la cabeza la actuación del increíble Tigerman, un “blues man” portugués, cuando lo hacíamos todo en el “Lopez de invierno”.  Si la gente se queda, algunos incluso habiéndolos visto en las sesiones oficiales , a la proyección de los cortos premiado tras la gala, es también porque los diseñadores, los editores y montadores han sabido hacerlo bien y, por algún milagro entrópico, que se produce a menudo, su propuestas son  asumidas y ensambladas en  un repertorio visual de carteles, catálogos y libros  con 25 años de antigüedad.

Alejandro Pachón Ramírez - Director del Festival Ibérico de Cine -