Presentación

“En el principio fue el corto…”

El cortometraje es el formato que más ha perdurado en la Historia del Cine. En un principio por necesidades técnicas, ya que los primeros chásis de película Lumiére o Pathé, no daban para más celuloide. El corto es el comienzo del cine, desde los “tableaux vivants” (escenas históricas recreadas en plan teatral e inspiradas en pinturas decimonónicas) y las comedias de la Keystone, hasta la eclosión actual en la que nuestro festival llega a recibir en torno a 400 trabajos todos los años. Algunas de mis películas clásicas favoritas son en realidad cortometrajes con una línea argumental que los ensambla.
¿Qué son “2001: una odisea espacial”, “La conquista del Oeste”, “Cautivos del mal”, “Rashomon”, “Winchester 75” o “Intolerancia” sino cortos articulados en torno a un concepto global?.

El corto es la infantería de élite del cine competitivo. Cuando nació el FIC, los cortometrajes eran pequeñas obras de autor, poco cuidadas en su factura de producción, pero muy diáfanas en cuanto a sus intenciones. En 2018 nos encontramos con películas de 20 minutos, con efectos especiales, propuestas narrativas y recursos de producción que hacen sonrojar a mucho largometraje comercial anclado en la rentabilidad. El cortometraje en la era de Internet y el cine digital vuelve a su génesis en un difícil ejercicio de apostar por la comercialidad o la beligerancia ideológica, por utilizar los recursos del largometraje o los de la innovación narrativa. A veces el resultado de la batalla es incierto; otras una indudable victoria, tal cual es el caso de la gran influencia de los directores y directoras de cortos en el hegemónico universo de las series de televisión.

Toda esa Historia la llevamos contando en el Festival desde hace 24 años, de manera que esta actividad cultural es también un archivo de tendencias, disidencias e ideologías predominantes. Pero también es un espectáculo en el que importa la combinación de géneros, siempre dentro de unas elevadas exigencias de calidad.

Este espectáculo no sería posible sin el apoyo de las instituciones y las empresas que nos apoyan cada año, sin la expansión y aceptación en las poblaciones que, como Olivenza o San Vicente de Alcántara, confían en nuestra programación o sin la experiencia de un equipo de producción de probada valía en ediciones anteriores.

Para el FIC, la selección de los trabajos presentados a concurso son como el menú degustación de un restaurante de lujo. Algunos son relucientes aperitivos que te abren el apetito para luego convertirse en largometrajes. Y no quiero decir nombres ni títulos porque en esta edición hay muchos nombres conocidos y no puedo, no debo, hablar de los hombres y mujeres que están detrás de cada trabajo, o del chico o la chica que empiezan ahora, igual que en su momento estuvieron aquí realizadores famosos como J.A. Bayona, Mar Coll o Mateo Gil. Aquí no hay estrellas, sino que las fabricamos, al proporcionarles sus primeras proyecciones públicas y sus primeros galardones.

Nuestros Jurados -el Oficial, el público que da el premio en Badajoz, San Vicente y Olivenza, y el Jurado Joven- son expertos y libres en sus decisiones, pero nuestra programación de cara al público es un menú degustación de tres estrellas Michelín en el que hay de todo, incluyendo ostras y caracoles. Hay historias de amor, temas sociales y morales, comedias… alimento audiovisual, en fin, que completamos este año con una sesión “gourmet” para niños y jóvenes, “Festival dos Míudos”, con un nivel tan alto como el de la selección oficial. Un amplio repertorio en el que se incluyen estrenos de largometrajes y del que esperamos que nuestro público y los participantes invitados salgan tan satisfechos como siempre.

Como cada año, nos vemos en la Terraza del Teatro López de Ayala, anfitrión de nuestro Festival y al que felicitamos por su vigesimoquinto cumpleaños.

ALEJANDRO PACHÓN RAMIREZ
Director del Festival Ibérico de Cine