In Memoriam


FUEGO DE VERDAD

In memorian Reyes Abades

Lo ideal para recordar a Reyes Abades en este año en el que nos dejó, y cuya relación con el Festival Ibérico de Cine le llevó a patrocinar un premio con su nombre, sería hacer en la Terraza del Lopez de Ayala un castillo de fuegos artificiales, un tiroteo incruento entre actores y público o alguna explosión controlada. Lo malo es que no nos iban a dejar. En estos tiempo de corrección política, se puede considerar como violencia punible y terrorista estallar un petardo de cincuenta céntimos e incluso hacer una candela una de estas noches del Festival en las que haga un poquito de frío en la Terraza.

Así que, sin barbacoas ni fuegos artificiales, recordamos a Reyes este año. En Castilblanco, feliz y generoso anfitrión, en la fiesta de presentación del libro que sobre él publicó Diputación de Badajoz en la colección Festival Ibérico de Cine, en sus talleres de Madrid y, sobre todo, en su amplia filmografía.

Se le ha recordado aquí en Extremadura con diversos homenajes oficiales, así que con nuestro presupuesto nos íbamos a quedar un poquito cortos para lo que se merecía.

Desde el F.I.C. queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento a un artesano de ese cine de maquetas y disparos falsos, de la ciencia de manejar el combustible y los explosivos de manera segura y controlada. Se jactaba de que a casi todos los que se dedicaban a los efectos especiales les faltaban dedos de las manos o tenían quemaduras imperecederas. Él llegó físicamente íntegro (bueno, puede que con algún rasguño) a los títulos de crédito finales. Su legado, además de sus películas, son estantes llenos de MP 40, de Colts, de Lugers, de Brownings, de Winchesters e innumerables armas blancas de todas las épocas. Arsenal de mentiras para una batalla ucrónica sin percutores ni balas de verdad, con espadas sin filo y flechas de goma. Soldados sin munición defendiendo El Álamo o Stalingrado. Y, sin Reyes Abades, fin de un período en la historia de los efectos especiales.